Las bodas de Caná (Extraído de “Bendito el Fruto”, Cuentos para meditar el Rosario, de Alejandra Palazzo)

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Las bodas de Caná

(Primer milagro de Jesús)

Mil llanuras, diez mil campos, Caná, tierra de dioses e ídolos antiguos; aguas superiores de las profundidades, fuente de los ríos: ¿quién ha de viajar a este remoto paraíso?

Los héroes babilónicos han pasado, también la estela pintada de Ugarit*; el rey, el sacerdote, la ofrenda; el león sentado de las narraciones épicas.

Caná, el nuevo Génesis espera. Hay una fiesta en donde ha de faltar el vino, necesariamente, para que uno de Nazareth ponga tu nombre otra vez en la inmortalidad de la existencia.
Caná, ya no te recordarán por los nombres y los papeles de los dioses paganos. Habrás cruzado los tiempos con Él, con el que convierte el agua en vino. Habrás de quedar bendecida por la madre que pidió el milagro.

Caná, tierra testigo del Hijo que protesta:

- Mujer ¿Qué hay de ti y de mi? Mi hora no ha llegado.

-Hagan lo que él les diga – insiste María

“Mujer” la llama él, desapegado.

Las mesas están servidas y los alimentos son coloridos; se escuchan los cascabeles, los platillos, los tambores; las flautas y las cítaras. Toda la música en los pies descalzos de la ronda; los amigos del novio se divierten y ríen, baten palmas, alzan a la novia. Rodean con guirnaldas sus cabezas mientras danzan, y el tiempo, el tiempo es otro del otro lado del patio.

Los servidores cargan agua en seis tinajas. Jesús se acerca, pone sus manos sobre el borde de las vasijas. El barro brilla. Se torna intenso, como el vino que aparece de su alquimia sobrenatural.

María mira atentamente. Sabe, sabe perfectamente que Jesús puede hacer esto y mucho más.

Mientras las manos de Jesús se mueven circularmente, algunos sirvientes lo observan sin atreverse a decir palabra.

- Sírvanlo ahora – dice.

Siente el calor desprendido de sus manos, y también tiene sed, pero toma un cáliz de agua fresca, moja su cara y refresca su cabellera. Se seca las manos contra un matorral de mentas y después en la túnica. Hace mucho calor hoy.

María le sonríe, agradecida. Él levanta las cejas, mueve la cabeza y le burla tiernamente, finalmente como el hijo que es.

El maestre sala está admirado. Felicita al novio:

- ¡Han dejado el mejor vino para el final! ¡Cuánta delicadeza de tu parte!

El grupo de Jesús y de María se va alejando.

Caná ya tiene su señal de eternidad. Las bodas en Oriente comienzan en la oscuridad. Muchos días dura una fiesta, y los invitados no tienen número. Las mujeres de la familia, las amigas y las vecinas organizan los banquetes, cocinan y preparan los alimentos, se encargan de la bebida. Cuidan que no falte nada.

Las mujeres.

*Ugarit: antigua ciudad portuaria al norte de Siria

 

 

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