Cuenta una anécdota que una periodista norteamericana presenció una escena en que la Madre acariciaba a un enfermo de lepra, que por su condición se hallaba en un cuadro sumamente doloroso, ya que la enfermedad le había deformado gran parte de su cuerpo.
- Madre Teresa, yo no sería capaz de tocar a un leproso ni por un millón de dólares –le dijo.
Teresa, sin dudar le contestó:
- Por un millón de dólares yo tampoco lo tocaría, hija. Únicamente lo hago por
amor a Dios.
