
Casa de la Virgen María - Efeso - Turquía
La literatura griega saluda a María como “ramaje tupido, abundante en sombra”. Myriam, en hebreo: “la amada”, “la iluminada”, “la hermosa”, “la fuerte”, arrodillada en el ángulo de la sala, escucha a un ruiseñor; Dios de la voz, esclava de su melodía, su oración engendra fuego.
Dice un adagio judío: “De los cuatro rincones de la casa, uno pertenece al padre, otro al hijo y los dos restantes a la madre”.
Con sus dos pisos elevados a unos cuarenta centímetros, en el interior de la casa de Nazareth, se vive una vida cotidiana; el piso inferior destinado a las habitaciones y el piso en lo alto es el taller de carpintería.
A lo largo de la pared hay cribas y odres; el hornillo de barro; grandes tinajas para el trigo y los higos secos, las pasas de uva, y los olivos conservados en sal.
Poco se sabe sobre María, lamentablemente, en su figura de mujer cotidiana, fuerte, real y certera, ni de las mujeres que vivieron en el ambiente de Ella y de Jesús.
Como cualquier familia de la tierra, es posible imaginarlos en su vida corriente, tras el resplandor de la ventana.
Esta es la humilde pretensión de estos relatos, basados en las escenas bíblicas del Rosario, e inmersos en mi imaginación a través de una narración recreadora, que toca las fibras más íntimas, las esenciales, las poéticas.
Simplemente ese fue mi propósito, nacido de un momento especial, y de observar una foto de la que quizá haya sido la última casa donde vivió María, en Turquía, cerca de Éfeso, rodeada de árboles agrestes, y que hoy es un hermoso templo.
Me imaginé abriendo la puerta y entrando en esa preciosa casa del tiempo, respirando sus verdores; permaneciendo largo rato allí, con mis afectos, para gozarlos, y escribir, contemplando los misterios de la historia de amor más sublime.
Alejandra E.Palazzo
Dedicado a la Dra. E. Adriana Vives,
y a las Hijas de San Camilo.