El sol en la higuera
-¡Piuccio! ¿Quanti figs hai mangiato oggi?
Un rayo de sol le daba en los ojos, y sus pequeñas manos sorprendidas se enredaban con aquel hilo blanco y lechoso de los higos.
Revolvía las hojas de la higuera limpiándose, hasta juntar el aire para poder hablar, y ese rumor verde en la sombra se fundía con el viento del verano que golpeteaba los postigos agrietados de la vieja iglesia.
El hombre de la barba encanecida, con su voz de trueno, lo llamaba desde la ventana.
Entonces, el niño de San Giovanni Rotondo que correteaba por los patios del convento, contestaba mirando hacia arriba, hacia la ventana, con los ojos semicerrados por la luz, y sonrojado:
-¡Uno, Fra !
-¡Es cierto! ¡Uno por vez! – le gritaba el fraile y le sonreía, porque sabía que el hijo de la lavandera era el pájaro de corazón más puro que conocía en el pueblo.
Niño pájaro, el pequeño Pío con sus siete años, que llevaba su nombre en honor al fraile que lo había visto nacer y lo había bautizado después de renegar con un cura vecino que no quería mandarle los aceites santos para oficiar la ceremonia, por razones burocráticas zonales que nunca faltan y que conviven con las leyes de Dios, desde todos los tiempos. (más…)



